Del Blog "Tras el Incendio" de Alberto Marroquín Ruiz

lunes 24 de mayo de 2010


Inma, Ana Cristina, Vadocondes

Ayer domingo hizo un día de esos que en Burgos se envidian en verano: con calor sin ser excesivo, un ligero viento que te permitía respirar, un cielo azul que te hacía recordar el larguísimo invierno vivido hasta hace pocas semanas y que se instaló durante meses, como un inquilino que no se iba nunca, en nuestra vidas. Así que carretera y manta... Bueno, y climatizador más bien. Y la deliciosa música de Alberto Iglesias sonando durante el trayecto por la N-1 dirección a nuestra meta, Vadocondes.
Esta localidad, situada a unos diez kilómetros de Aranda de Duero tomando la N-122, conserva algunos vestigios de la Castilla más auténtica. Y de la España más actual, por qué no decirlo también: las obras del Plan E por todos lados. Esperemos que en nuestra próxima visita estas mejoras urbanísticas ofrezcan una nueva cara al visitante y disfrutemos de sus vistas y lugares sin andamios, excavadoras y retropalas por todos lados. Pero decía que hay motivos y parajes históricos y naturales por los que merece la pena darse una vuelta por Vadocondes.
Sin ir más lejos, y hablando de Castilla, tenemos esa cicatriz de agua turbia que discurre por toda la región de este a oeste: el río Duero, pardo y tranquilo, silbando un rumor que suena a versos de Machado entre los diversos puentes y canales que cortejan su cauce (primera foto). A su vera se alzan monumentos y edificios con largas historias que contar acumuladas en sus piedras: las puertas de la antigua muralla (segunda foto), la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, el Rollo Jurisdiccional junto a la Casa de la Inquisición (reconstruida tantas veces que apenas quedan restos de la construcción original), la Ermita de San Cosme y San Damián, algunas casas blasonadas, las Escuelas (qué encanto tienen los colegios rurales)...

¿Pero qué me llevó a Vadocondes un domingo de mayo de 2010? Pues ya me ha costado, pero le debía una visita a mi querida amiga Inma desde hacía un par años como poco... Y tras el estreno de 'Nerea a las seis', donde ella ofició como script -y confesora de mis habituales viajes mentales a Júpiter y más allá del infinito-, dijimos que esta visita no se podía demorar más. Así que disfrutamos de un estupendo día Ana Cristina y yo junto a Inma y su familia, percibiendo el encanto de Vadocondes y gozando además de dos de los placeres más auténticos que ofrece la Ribera: el lechazo asado "al pincho" y el vino. Y la buena compañía. Y la tranquilidad y el silencio.
Gracias Inma por este domingo "gastromántico", por enseñarme el mapa de tus sitios y llevarme al corazón de la tierra con olor a vino donde el fantasma del Conde de Vados cuida de vuestros caldos rodeados de monjas que no rezan, que sólo respiran aire caliente. Que sea por mucho tiempo.

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