Los vadocondinos rinden un sentido homenaje Santiago Domínguez


Vadocondes Gastronomía

Este afamado cocinero lleva más de medio siglo triunfando en los fogones de Marbella
Santiago Domínguez y su mujer, María Paz, recibieron una foto de Vadocondes de manos del alcalde.
Paco Santamaría
I.M.L. / Vadocondes
Su localidad natal, y donde residió hasta que emigró a los 13 años, recibió al cocinero Santiago Domínguez con grandes muestras de afecto. Los sonidos del pito castellano y la caja pusieron la banda sonora a la recepción ante el Ayuntamiento del municipio, donde se congregó un nutrido grupo de invitados y vecinos que no quisieron perderse la presentación del libro de memorias del responsable de Restaurante Santiago, uno de los establecimientos míticos de Marbella y que, a su sombra, ha sumado un pequeño imperio gastronómico, que nació con un chiringuito a finales de la década de los años 50 en la ciudad costera.El salón de plenos del Consistorio se quedó pequeño para acoger a todos los vecinos y amigos de la infancia de Santiago. La encargada de conducir el acto fue la autora del libro, María Ángeles Rabadán, que recordó que el libro no es una biografía, sino un compendio de opiniones sobre el protagonista emitidas por gente de reconocido prestigio y que le profesan un gran afecto.
El alcalde vadocondino, Francisco José Núñez, recordó en su discurso que Santiago se fue «con una mano delante y otra detrás» a labrarse su vida y logró convertir Marbella, que era un desierto turístico, en un vergel. Santiago recibió las afectuosas palabras con sencillez, asegurando que era un enamorado de su profesión y que es feliz haciendo felices a los demás, «ese es mi lema», confesó.Los recuerdos de la infancia fueron salpicando sus palabras y emocionando a muchos de los presentes y llegó a confesar que nunca deja de hacer promoción de su tierra natal.
En reconocimiento a todo su trabajo, el alcalde le hizo entrega de una caja de vino de Ribera del Duero y una fotografía aérea dedicada del municipio. Nada más terminar el acto, un grupo de la Escuela de Folklore de Aranda le dedicó unas jotas, que admiró desde el balcón del Ayuntamiento y las recién estrenadas campanas de la iglesia tocaron a fiesta.
Tras un recorrido por el municipio, aprovechando para visitar la iglesia, el protagonista y los invitados disfrutaron de un animado aperitivo en el edificio de las antiguas escuelas, donde Santiago estudió, compartiendo el vino y los recuerdos con todos los que le conocieron de niño.

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